Vendimia literaria Medieval I

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Vendimia literaria Medieval I

El vino es un elemento clave de la cultura mediterránea desde tiempo inmemorial. Ya hay menciones en el Antiguo Testamento sobre su consumo, así que no es de extrañar que aparezca muy pronto en nuestra literatura. Las grandes obras maestras de la época medieval tratan de lo más profundo de la condición humana y por tanto el vino aparece como parte integrante de la vida, de sus alegrías y tristezas. Los autores nos alertan de los problemas del consumo excesivo pero nos hacen ver también algunas de las ventajas que ofrece, siempre que se haga con dos condiciones: hay que beber con moderación, y sólo vino de calidad.


Vendimia literaria Medieval

Razón de amor con los denuestos del agua y el vino. Autor anónimo

Es uno de los primeros ejemplos de esa unión fructífera entre literatura española y el vino. Es una obra anónima, tal vez de principios del siglo XIII, que incluye los famosos denuestos. Éstos son una forma literaria medieval que representan una discusión, en este caso entre el agua y el vino, en el que cada protagonista intenta demostrar su preponderancia sobre el otro. El vino dice que es mucho más apreciado que ninguna otra bebida, que acaba con los más fuertes y alegra el ánimo de cualquiera. El agua, como si fuera un agente de la Jefatura de Tráfico, le recrimina al vino los problemas que causa su consumo excesivo, lo que le obliga a éste a recordarle su relación con el cuerpo y la sangre de Cristo en la Eucaristía.


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Milagros de Nuestra Señora. Gonzalo de Berceo

Aunque se pueden encontrar alguna que otra mención anterior, el primer autor conocido que hace entrar al vino por la puerta grande de la literatura española es Gonzalo de Berceo. En la obra Milagros de Nuestra Señora, un clérigo se embriaga al sucumbir a la tentación del diablo, que luego quiere aprovecharse de la debilidad del beodo para que no cumpla con sus obligaciones. Afortunadamente llega Nuestra Señora al rescate y lo reconduce por el buen camino. Aunque esta historia moralizante nos advierte de los peligros del consumo excesivo del vino, el propio Berceo es el primero que dice merecer “un vaso de buen vino” como recompensa de sus composiciones.


Vendimia literaria MedievalLibro de Buen Amor. Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita

Aquí volvemos a encontrar, una vez más, los problemas que causa el consumo excesivo de vino. En sus páginas se refiere la historia de un eremita que bebe sin tiento y acaba violando y matando a una mujer. El arcipreste, que es un tipo libertino, recibe de don Amor la enseñanza de consumir con moderación. Todos los casos vistos hasta ahora muestran una sociedad que no parece manejarse bien con el vino y que comete muchos excesos. Tal vez fuera una característica de la Edad Media. Pero poco a poco, como ya aparece en Berceo, empieza a surgir la idea de que un poco de buen vino es un premio, una alegría sana y merecida.


Coplas a una beoda que tenía empeñado un brial en la taberna. Jorge Manrique

Jorge Manrique hizo algo más que escribir las Coplas a la muerte de su padre. Entre otras, escribió unas coplas a una beoda que, de tanto beber, iba a perder un brial, un vestido de seda o terciopelo, que tendría que entregar como pago. Bebe en exceso, lo que no es bueno. Ni para la salud ni para el bolsillo.


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La Celestina. Fernando de Rojas

El vino se presenta como tema importante en la literatura de la mano de uno de los más grandes autores, Fernando de Rojas, y está presente casi como un personaje más de esta tragicomedia de Calixto y Melibea. Para Celestina, el vino es su mejor compañero en esta vida, ya que calienta la sangre y así no se tiene frío en la cama y además quita la tristeza del corazón mejor que el dinero. El vino, dice, es bueno para todo y sólo tiene un problema: el bueno es caro y el malo hace daño. Es, probablemente, el mejor canto a las excelencias del buen vino que hay en la literatura, aunque hayan pasado ya casi cinco siglos desde que se compuso. Ya no habla de los males que causa, como en las obras anteriores, y envía un mensaje que ahora, tantos años después, está en la clave de nuestra apreciación del vino: hay que consumirlo, pero cuidando que sea bueno. Del malo no queremos saber nada.


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