Coleccionista vinos: La nueva inversión en botellas de vinos
En la antigua Roma se entendía que el “negocio”, es el “no-ocio”, estableciendo una separación total entre una cosa y la otra, marcando dos caminos separados en los que no era posible coincidir. Pero… ¿y si eso no fuera necesariamente cierto? ¿Y si fuera posible unir placer y trabajo, pasión y beneficio?
Una de las pruebas de que las sociedades evolucionan es que alcanzamos condiciones para conseguir lo que antes se consideraba imposible. Y, en lo más intimo, unir el beneficio económico y el emocional es uno de los objetivos de la vida. Aunque los romanos pensaran lo contrario.
Una de las tendencias actuales más sugestivas es la de las inversiones pasionales. No, no es una cuestión de gastar lo que te sobra en caprichos, que nunca está mal. Es comprar lo que te hace feliz y, al mismo tiempo, es una buena inversión. En ese sentido siempre ha habido quien compraba cuadros de pintores célebres o coches únicos sabiendo que podía disfrutar de ellos y, llegado el caso, venderlos con algún beneficio al cabo del tiempo. Este concepto de las inversiones pasionales se ha diversificado mucho y, más allá de las joyas, el arte o los coches clásicos, ha entrado de lleno en el mundo del vino.

De hecho, las inversiones en vino son algunas de las más exitosas de los últimos años, ofreciendo buenos rendimientos, a la vez que placer, a inversores con buen ojo. Los vinos de Burdeos y Borgoña han sido siempre los más apetecidos de los coleccionistas, que no dudan en gastarse verdaderas fortunas en una caja de estos vinos selectos. Los vinos de Rioja también empiezan a posicionarse. Tener todas las “etiquetas” de Faustino I, con añadas míticas como la del 1964 o la maravillosa botella del 75 aniversario, puede ser una compra muy interesante si el mantenimiento de la botella, contenido y etiqueta son los correctos.
En los últimos años la inversión más exitosa ha sido en los vinos californianos, que ha subido un 35%. Aquí se nota el impacto de las fortunas de los empresarios locales y, sobre todo, de los clubes de vino que cada día toman más fuerza en las ciudades norteamericanas, tanto en la costa Este como en la Oeste, y con especial ascenso en Texas, que se une al club de California, Nueva York y Nueva Inglaterra.
El caso de los vinos norteamericanos es fundamentalmente nacional. En Europa se da mucho más el caso de inversiones en otros países, e Italia es el país que recibe más inversiones extranjeras, siendo la región del Piamonte la más atractiva en los últimos años. Aquí se juega a lo grande, y los inversores no se conforman con adquirir unas cajas, de una cosecha determinada sino que, incluso, se animan con comprar bodegas y viñedos.
Según Bain Capital, una de las principales firmas mundiales de asesoría en inversiones, el mercado del lujo subió, en conjunto, un 5% en 2017. Sin embargo, la compra venta de vinos de alta calidad ascendió un 14%. La entrada de magnates provenientes de las economías de Asia y Oriente Medio en este sector explica, en parte, este aumento espectacular.

Puede parecer una locura gastarse decenas de miles de euros en una caja de vino. Pero, seguro, que si lo vemos desde otro punto de vista es una buena inversión. Son famosos los casos en que los vinos de Romanée-Conti han alcanzado unos precios aparentemente desorbitados.
Pero estamos hablando del que, probablemente, todos los expertos consideran el vino mítico por excelencia, el producto de la bodega más legendaria. Los franceses la consideran patrimonio nacional, y los inversores están seguros de que adquirir alguno de sus productos, que anualmente tienen una producción que ronda sólo las 100.000 botellas, es un golpe seguro.
El mercado nacional de inversiones emocionales en vino está muy alejado de lo que ocurre en Francia, Italia o Estados Unidos. Pero, quizá, sea el momento de adelantarse y empezar a invertir en lo que nos produce placer. En el mundo del vino.