Madrid tiene mil rincones, infinidad de lugares en donde buscar la fiesta de la buena mesa. Como se puede uno imaginar, el barrio de Salamanca siempre será uno de los mejores para buscar dónde comer y beber con calidad. Como en muchos otros aspectos de la vida, este barrio deja que la fama se la lleven otros, como si no quisiera aparentar o salir en las revistas pero a la hora de la verdad, estas calles son un verdadero tesoro gastronómico. Aquí van unas sugerencias, que sirven como un mapa para encontrar la mejor combinación de vino y comida.

Álbora. Cl. Jorge Juan, 33. Barrio Salamanca. Madrid. Tlf: 917 816 197
Éste es un lugar serio, donde se viene a comer muy bien, donde todo está en su punto pero donde destaca, sobre todo, el producto y la manera de tratarlo. Las únicas sorpresas que se esperan son las de los sabores, las texturas, las combinaciones, porque todo está asegurado de principio a fin. Que el jamón de las croquetas sea de Joselito indica que el listón está muy alto. La barra es un buen sitio para compartir unas raciones como un cangrejo en adobo, unos pimientos de piquillo rellenos de foie y anguila ahumada o unas empanadillas de rabo de toro con curry amarillo. El restaurante ofrece un salto con sus menús degustación, ya sea corto o largo, y una carta que ofrece delicias como la urta con licuado de aceitunas aliñadas o la presa ibérica Joselito con jugo de cebolla roja. Su carta de vinos es realmente extensa, entre 500 y 600 posibilidades, y entre ellas destaca el Campillo Gran Reserva 1994.

Anel Tapas & Lounge Bar. Cl. Villalar, 1. Barrio Salamanca. Madrid. Tlf: 914 355 106
El Anel – aunque en realidad deberíamos escribir a.n.e.L. – es el típico lugar que desde fuera parece normal y corriente, pero en realidad es algo especial, tal vez un buen candidato a la cumbre del tapeo en la zona. Cuando te tomas una ensaladilla, un salmorejo o unas croquetas en una terraza con vistas a la Puerta de Alcalá parece que vives una experiencia diferente. El local es moderno, de decoración luminosa, pero con toques de la piedra con la que está construido el edificio. Es el lugar para tomarte unos montaditos de todo tipo (carne mechá, piripi, pringá) o unas raciones de risotto de boletus o tempura de verduras. El que venga con hambre puede atacar un entrecot, un chuletón de buey gallego o una hamburguesa de solomillo y acabar con una tarta de chocolate. Los vinos los sirven por copa o por botella, y allí destaca el Campillo Reserva.

Floren Domezáin. Cl. Castelló, 9. Barrio Salamanca. Madrid. Tlf: 915 767 623
Decir Floren Domezáin es hablar de verdura. El origen, navarro de Tudela, parece que marca el camino, y el hecho de haber creado el mayor huerto urbano (en la azotea de un hotel). El restaurante se nutre de sus huertas en Navarra, aunque también tiene un pequeño huerto vertical que permite que el cliente pueda elegir la lechuga que quiere para la ensalada. De hecho también se pueden comprar verduras en el local para llevar a casa. Comer aquí es, para muchos, un recuerdo a los sabores de las verduras de la infancia, de cuando las hortalizas sabían no ya a algo, sino de verdad. Un tomate o una alcachofa bien puede ser el ingrediente principal, casi único, de un plato. Es el momento de descubrir que una cebolleta confitada es un plato exquisito. Lógicamente, la menestra de verduras es uno de los platos estrella. Éste es un lugar en el que un carnívoro aceptaría gustosamente comer sólo hortalizas, pero si no puede resistirse siempre se puede pedir unos tacos de presa de vaca o un buen bacalao. Un Campillo Crianza es el complemento perfecto a este festival de sabores.

La Máquina Jorge Juan. Cl. Jorge Juan, 12. Barrio Salamanca. Madrid. Tlf. 918 336 981.
Hay reformas en antiguos edificios que crean atmósferas especiales, y la realizada en La Máquina Jorge Juan es una de ellas. Así se ha reconvertido un palacete en un espacio gastronómico en el que cada detalle llama la atención, desde la barra de la planta baja al ascensor que conecta con el salón de la planta superior. Los suelos, las paredes, la iluminación, todo brilla de manera propia. Pero aquí hemos venido a comer y beber, y así vemos que los productos, la cocina y el servicio no empalidecen ante el decorado. Las coquinas de Isla Cristina, los chanquetes con huevo frito o unos tacos de pixín negro nos hablan de la devoción que se siente en La Máquina por los productos del mar, de todos los mares. De la tierra no falla el canelón extra grande de asado, las albóndigas de ternera y cerdo ibérico o unos callos al estilo de Oviedo. Una fiesta total si se completa con una botella de Campillo Crianza o de Portia Crianza.

Mesteño Bar. Cl. Alcalá, 77. Barrio Salamanca. Madrid. Tlf: 679 443 541
El local es relativamente pequeño, pero la situación es inmejorable, frente al parque del Retiro y a dos pasos de la Puerta de Alcalá. Con su nombre se presenta como bar, que lo es, pero también es un restaurante, de los que poco a poco va ocupando su hueco a pesar de su reciente aparición. Así, uno puede hacerse fuerte en la barra mientras degusta unas croquetas espectaculares, de perdiz escabechada o de gambas al ajillo, o una ensaladilla rusa de las de chuparte los dedos. En las mesas del comedor se puede tomar lo mismo, pero en este ambiente más relajado bien puede apetecer unas albóndigas de ternera con langostinos o un buen taco de merluza en adobo rebozado. La carta de vinos es muy corta pero habiendo Marqués de Vitoria Reserva tampoco hay ningún problema.
El Paraguas. Cl. Jorge Juan, 16. Barrio Salamanca. Madrid. Tfn 914 315 950
Muchos de los que han comido en El Paraguas a lo largo de sus 15 años de existencia lo incluyen sin vacilar entre los mejores restaurantes asturianos de la capital. Y eso que hay bastantes y muy buenos. Tiene esas características que gustan: salones amplios, iluminación adecuada, además de una decoración que señala claramente la patria chica del lugar. Evidentemente aquí se puede comer una fabada asturiana, una merluza a la sidra o un cachopo de solomillo, aunque tal vez sería el momento de dar un paso más adelante y probar otras cosas. Como unas croquetas de oricios o de la misma fabada, unos espárragos rellenos de centolla o unas patatinas con trufa negra para empezar y luego decidirse entre un arroz con pitu de Caleya, unas verdinas con faisán o una merluza horneada con carne de centollo. La carta de vinos es casi un libro de larga, pero ahí destacan los Campillo, el Reserva y el Gran Reserva 1994. El éxito está garantizado.