Tonelería Murua

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Tonelería Murua

El arte de fabricar barricas.

No es sólo es un contenedor de vino. Ya desde tiempos de los celtas se vienen utilizando las barricas para almacenar el vino. Su función primigenia fue la de transportar, tanto líquidos como sólidos, pero en ese transporte se observó que no solo servía como método de almacenaje, sino que dotaba al líquido en cuestión de distintos aromas, color y sabor. Desde entonces y hasta nuestros días la barrica es el vientre de alquiler que gesta y cuida la crianza de los mejores vinos.

El tonelero pone su conocimiento de la madera y el enólogo pone su idea sobre el producto final. Lograr el ensamblaje entre ambos oficios es un arte que se transforma en vino.

Tonelería Murua

 

Ser tonelero no es cosa de broma, de hecho lleva más de cinco años la formación y  preparación para ser un buen tonelero. Una de las tonelerías más prestigiosas de España, Murua, lleva desde 1898 dedicándose a esta noble profesión, aconsejando y fabricando las barricas de las mejores bodegas patrias.

En 1898, D. Justo Murúa fundó  una de las primeras industrias toneleras de Europa. Tonelería Mecánica Riojana -Tonelería Murúa – fue el desarrollo de un sueño forjado en el conocimiento adquirido con el maestro tonelero francés Jean Pineau. El año 1920 fue una fecha clave. La empresa  incorpora maquinaria moderna dejando atrás una manera de fabricar artesana. Este gran paso convierte a Don Justo en un visionario en la forma de entender este negocio y el reconocimiento de todo el sector vitivinícola.

Años después Donato Murúa, su hijo, quien da un paso más allá alcanzando reconocimiento internacional, contar entre sus clientes a las más prestigiosas bodegas de Rioja. A su fallecimiento su mujer, Pilar Revuelta, decide ponerse al frente del negocio y continuar el sueño del fundador apoyada por toda la familia. Hoy su nieta Elena, actual gerente, es quien sigue fiel a los principios. Parece una evolución natural, pero también es una adaptación a los nuevos tiempos.

Tonelería Murua

 

Esa extraña mezcla de tradición y tecnología   se refleja en el resultado final.   Trazabilidad, corte, fuego y ese interés por acabar bien las cosas. “Nuestros toneleros aprenden la técnica de elaborar barricas como un arte, durante una formación de cinco años. Desarrollamos también diversas líneas de formación e investigación a través de la universidad de la Rioja, asociaciones de enólogos y Master de vino.”

Todo empieza por la elección de las maderas, roble francés o roble americano.  También hay maderas de roble de origen húngaro. Gran parte de la diferencia entre las maderas está en el corte del árbol. El corte hendido del roble francés respeta la dirección de las fibras de las maderas, sin embargo el del roble americano, al ser aserrado permite que se aproveche más el tronco. El primero es más blando, sus poros son más finos y aporta aromas más elegantes al vino. El segundo, es más resistente y las propiedades se transmiten más rápido. En todos los sitios, el roble francés es más cotizado.

Tonelería Murua

 

Una vez que las maderas están seleccionadas, empieza lo bueno:

Primero, el secado.  En Murua,  se toman muy en serio esta fase del proceso. El secado de la madera es fundamental para un buen resultado.  Con un especial colocado, las tablas de madera reposan durante dos o tres años secándose para que la humedad vaya desapareciendo lentamente y los hongos vayan haciendo su función para tener unos niveles de aroma y fenoles apropiados.

Pero donde realmente se distingue esta firma es en el proceso de inmersión. Lo hacen de una manera controlada y particular para que la uva siempre sea la protagonista y así respetar la personalidad de cada bodega. Esta técnica de inmersión ayuda también a la hora de que el tostado sea más profundo y las barricas puedan vivir muchos más años.

Y, ¿cómo conseguir que el tostado proporcione los aromas que un vino de alta gama necesita? haciéndolo con mimo, lenta y profundamente, tomándose su tiempo y por supuesto con fuego de roble. Eso sí, siempre en colaboración de los enólogos de las bodegas, que aportarán su opinión a la hora de perfilar cada barrica.

Como veréis el arte de fabricar barricas es casi alquímico, el terreno le da a la uva su carácter, el viñedo su personalidad, y la barrica moldea su sabor con la dulzura, tiempo y ternura que un buen hijo necesita. Dormir tanto tiempo en una barrica tiene su encanto… Gracias Murua por estar con los mejores.