Cantabria no tiene temporada baja

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Cantabria no tiene temporada baja

El arte de saber vivir y beber

 

Dicen que Cantabria es infinita, y esa idea debió de surgir después de una buena comida en algún rincón de esta tierra mágica. Los menús sí que resultan infinitos e interminables cuando vemos la cantidad de pescados y mariscos que se ofrecen, a su vez preparado cada uno de mil maneras diferentes. 

Pero es que luego entramos en el capítulo de las carnes y entonces es el acabose. Es lo que tiene esta tierra, donde se dan la mano el mar y la montaña, con buenos cocineros en medio. Da igual que se trate de un restaurante fino que una tasca de aldea, el placer de la buena mesa está garantizado, sobre todo si lo combinamos cualquiera de las muchas referencias disponibles de Bodegas Faustino.

Restaurante Gele

Más de 50 años de buen servicio a los santanderinos es carta de presentación suficiente para Gele, que sigue en la brecha para satisfacción de propios y extraños. Éste es uno de esos lugares en los que empiezas con un poco de picoteo, que si unas rabas o unos bocartes, si es la temporada, para entonar el cuerpo, antes de pasar a platos más contundentes. Las albóndigas de bonito siempre merecen el aplauso entusiasta de la afición aunque qué decir del cogote de merluza al ajo arriero, los maganos en su tinta o el machote al horno. Los amantes de la carne no deben preocuparse que también hay para ellos, y el rabo de buey estofado o las mollejas de lechazo siempre triunfan. Con tanta variedad de platos lo bueno es confiar en la variedad de tintos, rosados y blancos de las referencias de Bodegas Faustino. 

Marisquería Alfredo

Ahí, en pleno puerto de Castro Urdiales, en una casa tradicional con sus miradores pintados de blanco, dan ganas de comerse todo lo que salga del mar. Más fresco no se va a encontrar. Las raciones de pulpo, zamburiñas, almejas, langostinos, mejillones, txopitos, bacalao rebozado saltan en el plato de frescas que están. De anchoas, no hablamos porque son una obligación. Una ensalada o unos espárragos combinan muy bien con cualquiera de ellas, como cualquier referencia de vinos blancos o rosados de Bodegas Campillo. 

Tienda de Pedro García 

Entrar en la Tienduca es como hacer un viaje en el tiempo y sumergirse en la Cantabria tradicional de hace 50 años. El local era un colmado que cerró y quedó completamente intacto durante décadas así que cuando se rehabilitó para convertirlo en restaurante se decidió conservar el mobiliario y la esencia del lugar. 

Eso sí, a la hora de comer se disfruta del gusto actual con los ingredientes de siempre: pollo al ajillo, croquetas de queso azul, pudin de puerros y pimientos rellenos de bacalao son sólo algunas de las recomendaciones posibles dentro de una carta extensa. Los vinos de Bodegas Faustino completan un menú redondo y sustancioso.

Mesón Rampalay

Una de las delicias de Santander es la idea de ir de pinchos y raciones de bar en bar. Otras ciudades tienen más fama al respecto pero eso aquí no importa porque así no se pierde el tiempo con habladurías y uno puede centrarse en lo esencial. Y en el Rampalay el problema es elegir entre las 50 o 60 variedades de pinchos y raciones que se encuentra el comensal. 

Hay clásicos de toda la vida como bocartes, anchoas y rabas, que será difícil evitar, pero hay que dejar hueco para un salpicón de marisco, un pastel de centollo o unos mejillones a la vinagreta. Unas albóndigas caseras, un picadillo de lomo picante o unos callos caseros dejarán satisfechos a los más tragones. Y una botella de Faustino iluminará la mente de cualquiera. Buen apetito.

By | 2020-07-31T07:46:40+00:00 julio 31st, 2020|Categories: Mundo Vino|Tags: , , , |0 Comments