Barro, madera y por fin el vidrio

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Barro, madera y por fin el vidrio

Guardar, conservar y disfrutar.

La historia del vino acompaña a la historia de la humanidad casi desde sus inicios. 6.000 años a.C. ya se cultivaban las vides y se elaboraban bebidas a partir de la uva. En la Edad de Bronce es cuando se data oficialmente el nacimiento del vino.

Sumeria, región de Oriente Medio entre el Tigris y el Eúfrates, fue el lugar elegido por los dioses para tan excelso nacimiento.

Barro, madera y por fin el vidrio

5.000 años nos separan de ese día en el que el vino nació. El almacenamiento en un principio fue el barro y la madera hasta el siglo XVII, que se empezó a utilizar el vidrio. Solo la honrosa excepción de la Antigua Grecia que en el siglo XIII a.C, al comprobar las propiedades biológicas del cristal empezaron a almacenar el vino en este material libre de microorganismos.

Las necesidades para envasar y transportar el vino nunca fueron fáciles ni mucho menos. El almacenamiento tenía que ser en envases que mantuvieran el aire fuera para evitar la oxidación, fuertes para que no se rompiera fácilmente y con posibilidad de abrirse y cerrarse. Por otro lado el continente no debía interactuar con el vino y sí mantener una temperatura estable. Por esta razón durante siglos el barro y la madera fueron los materiales perfectos.

Barro, madera y por fin el vidrio

El uso de las ánforas y las grandes jarras de barro fueron los utilizados en el Imperio Romano, recipientes que impermeabilizaban para el mejor aprovechamiento. Pero en el siglo II d.C. apareció el uso de la madera en la industria del vino, y fue en tierras francesas, concretamente en la Galia donde cambiaron el ánfora por el barril. Este cambio, y dada la porosidad de la madera obligó a tomar solo vinos jóvenes porque el vino no aguantaba y se perdía rápidamente su calidad. Los relatos de Asterix tiene una base histórica.

Es a finales del siglo XVII y principios del XVIII cuando la fabricación del cristal empieza a popularizarse y se empieza la elaboración del vino embotellado. Este hecho supuso una revolución en la industria del vino. Las botellas en un principio eran rechonchas y sin mucho cuello, hasta que apareció el champagne y los vinos espumosos que obligaron a hacer unas botellas más robustas y alargadas para resistir la presión del gas carbónico.

Barro, madera y por fin el vidrio

En 1821 H. Ricketts & Co. Glass Works Bristol patentó la manera de elaborar mecánicamente botellas de la misma forma, y ahí es cuando realmente se empezó a comercializar de forma masiva las botellas de vino. Gracias a esta comercialización en botellas el vino empezó a poder guardarse durante más tiempo y así poder apreciar su envejecimiento.

Hoy, en el siglo XXI, la botella de vidrio sigue siendo el envase perfecto para el elixir de Baco, eso sí, dada la preocupación por el medioambiente y la sostenibilidad, las bodegas cada vez utilizan botellas más ligeras y con menos gramaje de vidrio para una menor emisión de CO2.